


Segunda montaña más importante de Menorca, 254 metros de altitud. Dispone de un
camino agreste que nos conduce hasta lo alto de la montaña. El sendero, en algunos
tramos, conserva los vestigios de la calzada romana de acceso. En época de lluvias se
recomienda llevar calzado adecuado.


Circulando por la carretera general, entre Ferreries y Ciutadella, debe tomarse el
desvío que conduce a Ets Alocs hasta llegar a un edificio abandonado, lo que fue una
escuela rural en el pasado. Aquí empieza el camino para llegar hasta la cima. 45 minutos
de ascenso a pie. Puede utilizarse bicicleta, aunque es un ascenso difícil.






Por su posición resulta un inmejorable punto de vigilancia. Es por eso que los
romanos la usaron como establecimiento militar. Más adelante, el reducto sería utilizado
por los árabes, que la bautizaron como SEN AGAIZ, y donde construyeron un impresionante
palacio de defensa del que sólo quedan las ruinas. Allí veraneaban los jefes moros junto
a una corte de músicos, pensadores, poetas y artistas del mundo musulmán. Cuando
llegaron los cristianos, al mando de Alfonso III, esta paradisíaca morada se convirtió
en el último reducto de la resistencia musulmana en Menorca, que sin embargo se rindió
sin grandes batallas. A manos de los cristianos, los jardines, las bellas torres y los
pasillos del castillo serían abandonados al paso del tiempo.


La contemplación del impresionante paisaje que se despliega ante nuestros pies,
nos lleva al terreno de lo mágico. Escondido entre las ruinas dice la leyenda que se
halla un tesoro en forma de "Vadell d'or". Un becerro dorado rescatado de la
memoria bíblica o incluso de Merlín, puesto que la tradición dice que lleva clavada una
espada de poderes sobrenaturales. Un tesoro depositado por los moros antes de abandonar el
lugar. Montaña embrujada, rodeada de cuentos de hadas, fuentes milagrosas o agujeros sin
fondo, como "Es Pou de s'Encantament". Yace la diosa montaña protegiendo el
norte de la isla.
Utilizada como lugar de peregrinación religiosa, muchas
mujeres ascendían a la montaña para invocar a Santa Águeda, sanadora de las
enfermedades del pecho y en cuyo regazo guardaba una lámpara de plata. La leyenda nos
cuenta que esta "llàntia" servía de protección a marineros y pescadores,
quienes se orientaban con la silueta de la montaña en medio del mar y a quién pedían
protección para conjurar los peligros de la tramontana.



Que encontraremos en el lugar
y sus inmediaciones...

Que podremos observar con un
poco de paciencia...

Que observaremos en el lugar y en sus
inmediaciones...
